lunes, 31 de agosto de 2009

La chica de las ingles bonitas

La chica que busca trabajo domina mucho mejor el francés que el inglés.

Pero bien sabe ella que el inglés es muy necesario si quieres vender trajes de flamenca a las guiris que pululan por el centro de Madrid.

Así que ha decidido mentir un poco en su curriculum.

No es tanta mentira, se dice, en realidad podría entender perfectamente a esas rollizas albinas que sueñan con vestirse de faralaes...

Pero bien sabe ella que el mercado laboral es un continuo casting en busca de lo mejor de lo mejor. Y al fin y al cabo, supondría sólo una leve enfatización. Quién no ha exagerado su curriculum. Quién no lo hace en estos tiempos.

Sin embargo, da la casualidad de que esta chica se ha criado en un colegio de monjas. Y de tanto en tanto, aún la asaltan los valores obsesivos de la moral cristiana. Y mentir es uno de los más pecadetes más repudiados. Mentir está feo.

Así que desecha la idea y revisa una vez más su curriculum, resignada a cambiar los datos del apartado de idiomas.

Cae en la cuenta entonces de que que ha cometido un pequeño error de ortografía. No le extraña. Siempre corre por encima del inglés como si no fuera con ella. No quiere rendirse a un idioma que nunca le cayó demasiado bien, aunque fuera el idioma de las canciones.

Tiene que cambiar los datos de todas formas, así que aprovechará para corregir la falta, pero aún con todo contempla su tara lingüística con una arruga en el entrecejo. No le gusta cometer faltas de ortografía.

De repente, la arruga del entrecejo se le escurre por la nariz y va a parar a su boca transformada en una media sonrisa pícara. Se ha dado cuenta de algo.

Corre a por un espejo de mano al baño. Se sube el vestido y coloca el espejo entre las piernas.

Ésto ya es otra cosa...

La otra cosa es ésto: ni un sólo pelo a ambos lados, un tono canela suave, varios lunares y una graciosa mancha de nacimiento que recuerda a la silueta de una fresa.

Hará llegar su historia profesional tal y como está a todos los sitios donde la requieran.

Nadie le puede echar en cara a esta chica que no tiene un nivel adecuado de ingles.

miércoles, 26 de agosto de 2009

De repente un verso...(1)



"Me alisté bajo el cielo más hermoso."
Guillermo Apollinaire, "En Nimes"
(Para Javi, reconociendo públicamente que también le encuentro cierta belleza al ejército. Pero sólo es estética. Creo.)

jueves, 20 de agosto de 2009

Soportando el calor con Ángel González

NARRACIÓN BREVE


La niña movió el aire con sus labios.
Detrás de los cristales nadie supo
lo que dijo. Era triste
mirar a aquella gente
intentando aclarar una sonrisa.
Y sin embargo estaba todo claro:


la niña
había sonreído simplemente.





CRISIS

Lo ideal en estos casos
sería morirse de muerte natural,
hacer un gesto agrio,
estirarse
definitivamente,
y marchar con cuidado
para que nadie pueda
darse por ofendido.
Pero ello no es posible
sin contar con Dios Padre
-y los restantes.
Por eso
-frío en la calle, tedio
en los que pasan-
permanezco en mi sitio, y vivo
-corazón asediado por el llanto-
mi hora la terrible:
la que aún no ha sonado.

Me invitaron...

Y ahora hay un trocito del Futuro sin magia en un lugar para cuentistas

domingo, 16 de agosto de 2009

Postal desde Roma





¿Por qué no me teme este taxista?

No sabe que si cierro con fuerza los ojos

veo la primera capa de esta metrópoli.

Le pido que me lleve muy lejos y,

en su distancia, lo hace sin movernos.

Fundó la ciudad una loba y fundió

con su mirada todos los mapas.

Mi pelo erizado de norte

es la única ventana al cielo

para los habitantes.

Y aún así no entiendo

como no temen mi presencia

las ruinas perdidas

de esta ciudad sin nombre.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Sobre el dandismo






“Antonio de Hoyos y Vinent, marqués de Vinent, era un hombre (según los recuerdos y retratos de quienes le conocieron) alto, de corpulencia un algo desgarbada, de voz paposa (por su sordera de nacimiento), envuelto siempre en una elegancia excesiva y abrumadora. Camisas de seda, ternos impecables, inmensos gabanes con amplios cuellos de piel, finísimos guantes y, en las manos, magníficas y raras sortijas –González Ruano habla de una amatista descomunal-y, siempre, su monóculo de concha. Frecuentaba las reuniones de la aristocracia, algunos círculos de literatos y el mundo de los toros; los cafés cantantes y el sórdido ámbito –que a veces es lujo- de los malos rincones. Acompañado por una pequeña y deslumbrante corte (el exquisito figurinista Pepito Zamora, Gloria Laguna, marquesa y mujer de fuste, y la bailarina exótica Tórtola Valencia), gustaba de confundirse, homoerótico y prostibulario, con chulos, hetairas y torerillos en sus nocturnos recorridos por los barrios bajos. El lujo, la decadencia, los placeres prohibidos, la sensación a la par de sensualidad, pecado y misticismo, se mezclaban en él, entre el oropel brillante de sus poses y atuendos, con el arrabal de la torería, el cuplé y los proxenetas”.





Luis Antonio de Villena, "Corsarios de guante amarillo"