miércoles, 4 de junio de 2008

Sobre vocaciones divinas

Nadie se creyó jamás que mi primera vocación frustrada fuera la de pseudo-exploradora religiosa.

Fui la primera de mi curso en aprender a leer y caray, nunca por muchas cosas que viva, seré consciente comolo fui entonces entonces del poder de manejar información antes que nadie. (He sido una niña extraña, porque negarlo)
No se porque directamente enlacé mis primeras lecturas con la afición a lo misterioso, a lo que según mi criterio estaba todavía por descubrir.

En mi cole organizaba y capitaneaba extrañas expediciones en busca de vírgenes de yeso extraviadas en los armarios repletos, entre otra fauna religiosa-estudiantil, de calendarios de Maria Auxiliadora y su niño con colorete en ambas mejilas y cara de pasmado, cirios peligrosamente suicidas y borradores empapados que dejaban secos los paladares y picantes las narices y me obligaban a tragar saliva cien veces hasta que llegaba mi padre a buscarme para soliviantar mi sed eterna de la escuela.

Con tales excursiones peregrinas a los armarios y recovecos del colegio no se muy bien que pretendía demostrar a todos mis amiguitos a los que arrastré sin réplica alguna por su parte a esta cruzada, pero a mi me daba en la nariz que tales vírgenes de tamaño medio y rotas como los busto greco-romanos se reproducían por milagro divino y por doquier en cualquier rincón de aquella vieja escuela nuestra y quería ser nombrada doctora honoris causa en descubrimientos arqueológicos-urbanos de artillería religiosa.

La confusión espiritual de esa época (fomentada por las miles de celebraciones surrealistas que viví en mis primeros años de escolar) me llevo a pensar que era una misión que me había encomendado el Altísimo.

Creía también que la Providencia había querido que yo fuera la primera en aprender a leer y a escribir para poder trazar mapas donde ubicar mis descubrimientos y para que mediante mis escritos, la concurrencia se hiciera cargo del milagro divino que nos llevabamos entre manos Dios Padre y servidora.

Finalmente la expedición solo encontró en un rincón polvoriento de la capilla medio cuerpo de una Virgen con expresión sombría y algo tragicómica, y nos dio tanto miedo a todos que desistimos de buscar otros clones divinos.

El milagro quedó sin confirmar.

Pero yo ya estaba ocupada en materializar mi siguiente vocación frustrada: de repente me dio por la canción ligera.

3 comentarios:

inzivilizado dijo...

Siempre sorprendiendo.
Primero fue Pajares, y ahora tus antiguas vocaciones.
Detrás de esa Madame se esconde mucha Lady

Anónimo dijo...

Ya sabía yo,que algo de divina tenías y tienes!

Aqui, tu pavitonta! con mucho amor!

pepe montero dijo...

Mucho mejor, lo de la canción ligera. Lo de buscar vígenes, quema mucho. Yo hace tiempo que abandoné ese artificioso juego.
Total, pa´qué. Qué más da.

Es un final liberador, se puede sentir una especie de suelta de amarras o lastre neurótico.

Good, good.