viernes, 18 de julio de 2008

La Fornarina




Consuelo Bello, hija de Guardia Civil y de lavandera, nació en 1884.


En el mundo del cuplé conoció la fama y el dolor y paladeó el agridulce sabor de la gloria. Fue la primera gran reina del cuplé y la más sofisticada de las artistas de su tiempo, el periodo de entreguerras.


Su coquetería rayaba lo sublime y su erotismo irresistible se paraba justo donde empezaría, en cualquier otra, lo liviano.


Sus primeros pasos los dio en el salón Actualidades, el teatro Romea y el Kusaal Central, donde en 1907 estrenó "Aventuras de don Procopio en París", de Cadenas y Retana. Años más tarde, cantó en el Apolo madrileño el cuplé "Mi debut en provincias", de Retana y Aquino, todo manifiesto del género que le llevó a la gloria.


En la capital francesa trabó amistad con el compositor Quinito Valverde y fue ella quien estrenó su canción "Clavelitos" en 1909. Pronto alcanzó la fama en toda Europa y pudo cantar en lugares emblemáticos como el Palais Soleil de Montecarlo, el Alhambra de Londres, el Olympia de París, y en ciudades como Viena, Berlín y San Petersburgo en 1909. Tras su triunfante regreso a Madrid, el Rey Alfonso XIII presidió una de sus actuaciones en el Teatro de la Comedia.


Tuvo el acierto de traer a este Madrid provinciano los modos y maneras desconocidas, de ese París, que se había rendido a sus pies tras el estreno de " Clavelitos". Con sus desplantes madrileños intentaba remedar el matiz delicioso de los cuplés franceses. Fue la primera en hacerlo y esto unido al escándalo que envolvía a su persona (un pasado turbio de prostitución del que nunca se llegó a diferenciar la realidad de la leyenda), la convirtió en una artista única en su tiempo.


Su recuerdo ha quedado inalterable, pues murió joven, en pleno triunfo, y no tuvo el pesar de sobrevivirse; dejó tras de sí una estela de admiración, legendaria, como lo fue en vida su simpatía irresistible.


Para su público sería un verdadero tormento recordarla en su última creación; una triste melodía que Consuelo había cantado a comienzos de 1915, el año triste de su muerte, y que en su interpretación, alejada de su picardía y exuberancia habituales, parecía captarse una presentida despedida definitiva; era ya una mujer enferma la que lloraba su último cuplé.

1 comentario:

olga maria dijo...

Fantástico el relato sobre la Fornarina. Como intérprete e investigadora del género le doy mi más sincera felicitación. La fotografía es preciosa también.
Un abrazo, Olga
www.olgamariaramos.com