Muchas mujeres destacan por la libertad con que utilizan su propio cuerpo y su biografía. Ahora mismo hay más mujeres que hombres entre los artistas interesantes", dice Alejandro Ratia, comisario de exposiciones y crítico de arte de HERALDO. A propósito del mundo audiovisual, Vicky Calavia, realizadora y coordinadora de 'Travesías' y 'Proyectaragon', afirma que "es cierto que hay más mujeres que antes haciendo cine, vídeo y televisión, pero esto ha sido paralelo y generalizado en toda España conforme ha avanzado la democracia y la igualdad de derechos y oportunidades". Trinidad Ruiz-Marcellán, editora de Olifante, señala que se ha producido una "ampliación del abanico de temas no centrados en el aspecto sentimental, incorporando la participación de la mujer en la transformación de su propio mundo y del mundo. Y a la vez se da una total desinhibición y una desaparición plena de la autocensura".
En Aragón hay más mujeres creadoras que nunca. Mujeres jóvenes que trabajan y sueñan sin complejos, con variadas estéticas y con una fuerza incuestionable. Hablaremos solo de algunas aragonesas que hayan nacido en 1975 o posteriormente, con la llegada de la democracia, en el periodo de la convulsa Transición. En el cine existe un conjunto de realizadoras cuya obra no está pasando inadvertida: Paula Ortiz prepara un largometraje, 'De tu ventana a la mía', tras haber realizado cortos de cuidada factura; Pilar Palomero, autora de 'Sonrisas' y 'Niño balcón', alterna la condición de guionista con la de directora; Graciela de Torres ha rodado un documental sobre Antonio Maenza, con Francisco Plou, y 'Johannes', un videograma 'bíblico' sobre la escritura; Pilar Gutiérrez es la responsable de 'Préstamos'. Laura Sipán, barcelonesa que trabaja en Aragón, rodó 'El talento de las moscas'; Patricia Oriol codirigió, con Héctor Añaños, 'De luz y de color'; Irene Bailo es la autora de 'El pájaro de la buena suerte'.
Hace poco, Belén de Miguel se sumaba a esta lista con un documental sobre los basureros de Zaragoza. En el mundo del cine y de la televisión, hay actrices (como Itziar Miranda, Alexandra Jiménez?), directoras de fotografía, operadoras, productoras y realizadoras (Yolanda Liesa, Rocío Ibarra, Marta Horno?). En el teatro, personalidades como Pilar Delgado, Pilar Laveaga o Cristina Yáñez, por ahora, no tienen herederas claras.
Artes plásticas
Uno de las disciplinas donde más se nota el empuje de la mujer es en el terreno de las artes plásticas. Ahí trabajan pintoras tan diferentes como Ana Maorad, Clara Carnicer (cantante y guitarrista con Bigott), Mapi Rivera, María Enfedaque, Raquel Garín, Laura Cameo, Raquel Planas, Celia Cisneros, Lorena Domingo o, entre otras, Gema Rupérez, que expone estos días en Pepe Rebollo. En fotografía han irrumpido con fuerza artistas como Aránzazu Peyrotau (que trabaja con Antonio Sediles), Cecilia de Val, Pilar Irala, Vicky Méndiz o Irene Díaz Nine, etc. En ilustración, destacan Ana Lóbez, Silvia Bautista Ayats, Paula R. Español y Noemí Calvo. Ratia subraya: "Muchas de estas artistas jóvenes encajan en algunos casos con la tónica de superación de los soportes convencionales en pintura, el gusto por la manipulación fotográfica y el papel privilegiado del dibujo. Los problemas de tipo político y social o las cuestiones estrictas de género no aparecen directamente en sus trabajos. Lo introspectivo parece vencer sobre lo combativo y público, sin que falte el sentido del humor".
Letras y música
En literatura asistimos a un despertar de la lírica a través de voces tan activas como las de Elvira Lozano, Carmen Ruiz Fleta, Almudena Vidorreta, Clara Santafé, Ana Muñoz, Sylvia Solé y Clara María Dávila. Clara Santafé, por citar una postura infrecuente, ha abordado el mundo de la pornografía en 'Ángel París'. En narrativa conviven lo familiar y lo autobiográfico -en 'Ropa tendida' de Eva Puyó, y en 'París tres' de Aloma Rodríguez-, con lo misterioso y sentimental en el caso de África Vázquez en su debú, 'Con vistas al cielo', y con la narración de enigmas e intrigas, 'El violín negro', de Sandra Andrés Belenguer, que gira en torno a 'El fantasma de la ópera', París y la música.
martes, 30 de marzo de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
Batalla naval en la ciudad sin mar
No podía haber sido
de otra forma:
cuando la mujer sapo
llegó a la ciudad
la humedad fue su trinchera.
Algunos días,
al salir de la ducha,
desnuda ante el espejo,
esperaba a que se descubriera en él
lo que no se veía a simple vista:
las órdenes exhaladas
por soldados ancestrales
que le habían visitado
durante el retiro de la lluvia.
Y su piel, que se había convertido
en piel de guerra
gracias a las esencias
que parecían inocentes
en sus trajes de ocasión,
pero que también tenían
una misión combativa.
Otros días,
se colaba el agua en los botes
de champú,
y se formaba un nuevo elemento
que le hacía recordar los días de mar
de la infancia,
cuando para hacer el foso
del castillo de arena
tenía que excavar con las manos
la nueva materia
en la que se mezclaban
trozos de enemigos y crines de dragón.
Y esa era la única vez
que su realidad era mejor
que su fantasía,
porque para construir ese
nicho acuático,
debía atravesar el agua
y atravesar la tierra.
de otra forma:
cuando la mujer sapo
llegó a la ciudad
la humedad fue su trinchera.
Algunos días,
al salir de la ducha,
desnuda ante el espejo,
esperaba a que se descubriera en él
lo que no se veía a simple vista:
las órdenes exhaladas
por soldados ancestrales
que le habían visitado
durante el retiro de la lluvia.
Y su piel, que se había convertido
en piel de guerra
gracias a las esencias
que parecían inocentes
en sus trajes de ocasión,
pero que también tenían
una misión combativa.
Otros días,
se colaba el agua en los botes
de champú,
y se formaba un nuevo elemento
que le hacía recordar los días de mar
de la infancia,
cuando para hacer el foso
del castillo de arena
tenía que excavar con las manos
la nueva materia
en la que se mezclaban
trozos de enemigos y crines de dragón.
Y esa era la única vez
que su realidad era mejor
que su fantasía,
porque para construir ese
nicho acuático,
debía atravesar el agua
y atravesar la tierra.
sábado, 27 de marzo de 2010
Contraindicaciones/Contradicciones
Las ojeras,
el mal sabor de boca,
la luz a salvo de carteristas,
lejos de la piel.
Soy feliz en una ciudad
en la que la supervivencia
es una cucharada por papá.
el mal sabor de boca,
la luz a salvo de carteristas,
lejos de la piel.
Soy feliz en una ciudad
en la que la supervivencia
es una cucharada por papá.
miércoles, 24 de marzo de 2010
La triste señorita Sexton
El asesino
La muerte correcta está escrita.
Colmaré la necesidad.
Mi arco está tenso.
Mi arco está listo.
Soy la bala y el garfio.
Estoy armada y lista
Desde mi mira, lo tallo
como un escultor. Moldeo
su última mirada a todos.
Cambio sus ojos y su cráneo
constantemente de posición.
Conozco su sexo de macho
y lo recorro con mi dedo índice.
Su boca y su ano son uno.
Estoy en el centro de la sensación.
Un tren subterráneo
viaja a través de mi ballesta.
Tengo un cerrojo de sangre
y lo he hecho mío.
Con este hombre tomo en mis manos
su destino y con este revólver
tomo en mis manos el periódico y
con mi ardor tomaré posesión de él.
Se inclinará ante mí
y sus venas saldrán en desorden
como niños… Dame
su bandera y sus ojos.
Dame su duro caparazón y su labio.
Él es mi mal y mi manzana y
lo acompañaré a casa.
Los bombarderos
Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado
y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.
¿Dónde están tus méritos,
América?
La muerte correcta está escrita.
Colmaré la necesidad.
Mi arco está tenso.
Mi arco está listo.
Soy la bala y el garfio.
Estoy armada y lista
Desde mi mira, lo tallo
como un escultor. Moldeo
su última mirada a todos.
Cambio sus ojos y su cráneo
constantemente de posición.
Conozco su sexo de macho
y lo recorro con mi dedo índice.
Su boca y su ano son uno.
Estoy en el centro de la sensación.
Un tren subterráneo
viaja a través de mi ballesta.
Tengo un cerrojo de sangre
y lo he hecho mío.
Con este hombre tomo en mis manos
su destino y con este revólver
tomo en mis manos el periódico y
con mi ardor tomaré posesión de él.
Se inclinará ante mí
y sus venas saldrán en desorden
como niños… Dame
su bandera y sus ojos.
Dame su duro caparazón y su labio.
Él es mi mal y mi manzana y
lo acompañaré a casa.
Los bombarderos
Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado
y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.
¿Dónde están tus méritos,
América?
lunes, 22 de marzo de 2010
Vamos que nos vamos
CUMPLEAÑOS DE AMOR
¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.
ÁNGEL GONZÁLEZ
¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.
ÁNGEL GONZÁLEZ
lunes, 1 de marzo de 2010
Algunos microrrelatos de la antología "Por favor, sea breve 2"
'La carta', Luis Mateo Díez
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.
'La tacita', inédito de José María Merino
He vertido café en la tacita, he añadido la sacarina, remuevo con la cucharilla y, cuando la saco, observo en la superficie del líquiedo caliente un pequeño remolino en el que se dispersa en forma elíptica la espuma del edulcorante mientras se disuelve. Me recuerda de tal modo una galaxia que, en los cuatro o cinco segundos que tarda en desaparecer, imagino que lo ha sido de verdad, con sus estrellas y sus planetas. ¿Quién podría saberlo? Me llevo ahora a los labios la tacita y pienso que me voy a beber un agujero negro. Seguro que la duración de nuestros segundos tiene otra escala, pero acaso este universo en el que habitamos esté constituido por diversas gotas de una sustancia en el trance de disolverse en algún fluido antes de que unas gigantescas fauces se lo beban.
'Sobremesa o fin del mundo', inédito de Eloy Tizón
Hoy después de comer he retirado el mantel, he lavado los platos, y un día estaré muerto.
'Numeración incorrecta', de Isabel González
"Un día me compraré un caballo de éstos. Rosa y con alas", dice la niña y señala, en el libro abierto sobre sus muslos, la foto de un flamenco. El hombre, alentado por tanta inocencia, se quita la chaqueta, estrecha su acercanza y escarba los bordes de la hoja sesgada mientras le explica que alguien arrancó una página entre definición e imagen, que después del doce no viene el quince y que imagínate si Genghis Khan hubiera dominado Mongolia sobre un ave de tan frágiles patas. Como si la niña no supiera. Como si no apretara en su puño la hoja extirpada. Como si las cosas no pudieran ser de otra forma.
'Sorprender', inédito Ana María Shua
Los artistas de circo nos preguntamos con desesperación cómo sorprender a los espectadores. Ser perfectos en la tradición no basta. Intentamos, entonces, el exceso en las suertes conocidas: un salto mortal con cinco vueltas en el aire, hacer malabarismos con diez yunques y diez plumas, tragarnos un paraguas, o un poste de alumbrado, sostener una pirámide humana en la cuerda floja, entrar a una jaula con trescientos cincuenta leones y dos tigres, hacer desaparecer para siempre a los enemigos de una persona del público elegida al azar. ¿Cómo sorprender a los espectadores? En los nuevos circos, adornados los viejos trucos con el vestuario, con la coreografía, con las luces, con la cantidad de personas en escena. A medida que envejecemos, el exceso nos cuesta demasiado y ya no somos lo bastante bellos, lo bastante elásticos, lo bastante ingeniosos para formar parte de los nuevos circos. ¿Cómo sorprender a los malditos, a los cínicos espectadores que ya lo han visto todo? En un intento de obtener el espectáculo supremo, nos dejamos morir entre aplausos sobre la arena y no es suficiente, no es suficiente, eso lo hace cualquiera.
'Ángeles', de Espido Freire
Apostados cada uno en una esquina de la cama le veían cada noche rezar y dormir. Una vez quisieron mostrarse. El niño rompió a gritar y su madre trató de convencerle de que los monstruos no existían. Ellos bajaron la cabeza, avergonzados, y ocultaron su fealdad tras sus alas.
'Hacerse el muerto', inédito de Andrés Neuman
¿Por qué nos gusta hacernos los muertos? ¿Se trata de una costumbre sádica, com se quejan nuestros amigos o cónyuges más sensibles? ¿Por qué nos fascina de niños, y seguimos siendo niños, quedarnos deliberadamente inmóviles como momias de nuestro propio futuro? ¿De dónde sale ese placer ácido que sentimos asistiendo al cadáver que todavía no somos? La explicación es sencilla, y por tanto misteriosa.
Al ver todo mientras no miramos nada, al pensar sin hacer ningún esfuerzo por seguir pensando, al notar en nosotros, con poderosa ceteza, la selva de las arterias y la montaña rusa de los nervios, no sólo confirmamos que estamos vivos sino algo incluso más impresionante: experimentamos nuestra única, pequeña, modesta forma de trascendencia. Sobrevivimos a nosotros mismos.
Derrotamos a la muerte jugando.
'Fantasma', inédito de Patricia Esteban Erlés
El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.
'La tacita', inédito de José María Merino
He vertido café en la tacita, he añadido la sacarina, remuevo con la cucharilla y, cuando la saco, observo en la superficie del líquiedo caliente un pequeño remolino en el que se dispersa en forma elíptica la espuma del edulcorante mientras se disuelve. Me recuerda de tal modo una galaxia que, en los cuatro o cinco segundos que tarda en desaparecer, imagino que lo ha sido de verdad, con sus estrellas y sus planetas. ¿Quién podría saberlo? Me llevo ahora a los labios la tacita y pienso que me voy a beber un agujero negro. Seguro que la duración de nuestros segundos tiene otra escala, pero acaso este universo en el que habitamos esté constituido por diversas gotas de una sustancia en el trance de disolverse en algún fluido antes de que unas gigantescas fauces se lo beban.
'Sobremesa o fin del mundo', inédito de Eloy Tizón
Hoy después de comer he retirado el mantel, he lavado los platos, y un día estaré muerto.
'Numeración incorrecta', de Isabel González
"Un día me compraré un caballo de éstos. Rosa y con alas", dice la niña y señala, en el libro abierto sobre sus muslos, la foto de un flamenco. El hombre, alentado por tanta inocencia, se quita la chaqueta, estrecha su acercanza y escarba los bordes de la hoja sesgada mientras le explica que alguien arrancó una página entre definición e imagen, que después del doce no viene el quince y que imagínate si Genghis Khan hubiera dominado Mongolia sobre un ave de tan frágiles patas. Como si la niña no supiera. Como si no apretara en su puño la hoja extirpada. Como si las cosas no pudieran ser de otra forma.
'Sorprender', inédito Ana María Shua
Los artistas de circo nos preguntamos con desesperación cómo sorprender a los espectadores. Ser perfectos en la tradición no basta. Intentamos, entonces, el exceso en las suertes conocidas: un salto mortal con cinco vueltas en el aire, hacer malabarismos con diez yunques y diez plumas, tragarnos un paraguas, o un poste de alumbrado, sostener una pirámide humana en la cuerda floja, entrar a una jaula con trescientos cincuenta leones y dos tigres, hacer desaparecer para siempre a los enemigos de una persona del público elegida al azar. ¿Cómo sorprender a los espectadores? En los nuevos circos, adornados los viejos trucos con el vestuario, con la coreografía, con las luces, con la cantidad de personas en escena. A medida que envejecemos, el exceso nos cuesta demasiado y ya no somos lo bastante bellos, lo bastante elásticos, lo bastante ingeniosos para formar parte de los nuevos circos. ¿Cómo sorprender a los malditos, a los cínicos espectadores que ya lo han visto todo? En un intento de obtener el espectáculo supremo, nos dejamos morir entre aplausos sobre la arena y no es suficiente, no es suficiente, eso lo hace cualquiera.
'Ángeles', de Espido Freire
Apostados cada uno en una esquina de la cama le veían cada noche rezar y dormir. Una vez quisieron mostrarse. El niño rompió a gritar y su madre trató de convencerle de que los monstruos no existían. Ellos bajaron la cabeza, avergonzados, y ocultaron su fealdad tras sus alas.
'Hacerse el muerto', inédito de Andrés Neuman
¿Por qué nos gusta hacernos los muertos? ¿Se trata de una costumbre sádica, com se quejan nuestros amigos o cónyuges más sensibles? ¿Por qué nos fascina de niños, y seguimos siendo niños, quedarnos deliberadamente inmóviles como momias de nuestro propio futuro? ¿De dónde sale ese placer ácido que sentimos asistiendo al cadáver que todavía no somos? La explicación es sencilla, y por tanto misteriosa.
Al ver todo mientras no miramos nada, al pensar sin hacer ningún esfuerzo por seguir pensando, al notar en nosotros, con poderosa ceteza, la selva de las arterias y la montaña rusa de los nervios, no sólo confirmamos que estamos vivos sino algo incluso más impresionante: experimentamos nuestra única, pequeña, modesta forma de trascendencia. Sobrevivimos a nosotros mismos.
Derrotamos a la muerte jugando.
'Fantasma', inédito de Patricia Esteban Erlés
El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.
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